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El tratamiento en la menopausia debe ir dirigido principalmente a la prevención de las complicaciones a largo y medio plazo y al alivio de la sintomatología a corto plazo. Como prácticamente todos los trastornos asociados a la menopausia son debidos a la falta de producción de estrógenos por los ovarios, el tratamiento se basará fundamentalmente en suplir este déficit de hormonas mediante la administración de estrógenos que es el llamado "tratamiento hormonal sustitutivo" (THS); existen también nuevos preparados no hormonales pero con acción similar a los estrógenos y que intentan evitar los efectos indeseados de los mismos. Por otra parte, la terapia debe basarse asimismo en la correcta información sobre hábitos de vida, dieta, suplementos de calcio y tratamientos como ayuda en la prevención de la osteoporosis. Este otro aspecto lo tratamos con detenimiento en el tema dedicado a la Osteoporosis.
TERAPIA HORMONAL SUSTITUTIVA (THS)
La administración de estrógenos se emplea con eficacia desde hace tiempo para el tratamiento de los síntomas climatéricos como los calores y sofocaciones. Sin embargo, en los últimos años se ha comprobado la eficacia de este tratamiento para prevenir prácticamente todas las complicaciones asociadas a la menopausia: disminución de los problemas vaginales mejorando las relaciones sexuales, prevención de la pérdida de colágeno mejorando la textura de la piel, mejoría de los síntomas psíquicos y prevención a largo plazo de la pérdida de masa ósea.
Actualmente se considera que el THS deberá
mantenerse en cada caso de forma individualizada y revisarse cuando las
circunstancias personales y los síntomas cambien. Mucho se ha escrito en los
últimos años a raíz de la publicación del estudio WHI (Women´s Health
Initiative) desarrollado en 16.608 postmenopaúsicas. En dicho trabajo se llegó
a la conclusión que la THS con estrógenos equinos y medroxiprogesterona
(exclusivamente) incrementa el riesgo de cáncer de mama, ictus, enfermedad
coronaria y tromboembolismo. Todo esto hay que colocarlo en su justo
término ya que el ligero aumento de estos riesgos (aumenta sobre todo en
pacientes mayores de 60 años y/o con alguna enfermedad asociada como hipertensión, diabetes etc.)
puede asumirse dados los beneficios esperados. Según los últimos estudios
publicados, la THS prácticamente no tiene inconvenientes si se usa en mujeres
con menopausia reciente, en dosis bajas y durante un periodo de alrededor de
unos 5 (máximo 10) años.
Existen
diferentes vías de administración que podemos resumir
de la siguiente manera:
Vía oral:
Los estrógenos son destruidos en parte al
atravesar la mucosa intestinal, y por ello, hay que administrar dosis más
elevadas. Además tienen el inconveniente de su paso por el hígado.
Vía transdérmica
(Parches):
Es un sistema de administración
continua de hormonas que evita el paso por el hígado con el consiguiente buen
perfil de tolerancia. Existen parches de estrógenos solos y a diferentes dosis,
y parches combinados de estrógenos y progesterona. Son cómodos de usar y
poseen todas las ventajas sobre síntomas, aparato genitourinario, piel, hueso y
sistema cardiovascular. Su principal inconveniente es la aparición de sangrados
y que deben asociarse a un gestágeno (progesterona) si la mujer no está
histerectomizada (si no se le extirpó el útero) o utilizar en estos casos
parches combinados. Existen diferentes pautas terapeúticas para combinar la
administración de estrógenos y progesterona siendo la pauta continua una de
las más usadas debido a que en un alto porcentaje de casos evita el sangrado.

Vía percutanea:
Consiste en la aplicación sobre la
piel de un gel de estrógenos. También evita el paso hepático pero su uso
resulta ser algo engorroso.
Vía vaginal:
Geles y cremas de estrógeno cuyo
efecto es exclusivamente local.
PREPARADOS NO ESTEROIDEOS
Aquí también se pueden incluir diferentes preparados como son
los ansiolíticos, antidepresivos, calcio y vitamina D.
Debe ser tu ginecólogo el que individualice tu
caso en particular y te recomiende el tratamiento más adecuado en tu caso.
También te aconsejará sobre la conveniencia de practicar algún estudio del
riesgo de osteoporosis (densitometría ósea), mamografías, citología etc. No
olvides que como mínimo debes hacerte una revisión ginecológica anual.
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