
Vulvovaginitis
Infecciones de
transmisión sexual
Las infecciones vulvares y vaginales (vulvovaginitis), son una de las causas que con mayor frecuencia llevan a la mujer a consultar al ginecólogo.
La vagina es un órgano que tiene tres funciones: es el conducto excretor del útero (menstruación), es el órgano del coito y es el conducto del parto. Posee un ecosistema formado fundamentalmente por glucógeno (liberado por las células vaginales) y el lactobacilo acidófilo (bacilo de Döderlein) que transforma la glucosa derivada del glucógeno en ácido láctico. Esta acidificación del medio vaginal supone una verdadera barrera que dificulta la progresión de los gérmenes patógenos en la vagina, pero existen factores y momentos en que se pierde la acidez vaginal volviéndose más vulnerable a la infección. Por ejemplo, durante la regla o después de un coito el pH ácido normal de la vagina sube de 4 a 7 y no retornará a sus valores normales hasta pasadas varias horas. Por otra parte la riqueza en glucógeno de las células vaginales está íntimamente ligada a la producción de estrógenos por los ovarios, lo cual repercute en la cantidad de bacilos de Döderlein y su función autodefensiva, siendo por lo tanto más vulnerable a las agresiones en la fase prepuberal (infancia) y en la postmenopausia.
¿Qué las produce?
Más del 90% de las vulvovaginitis están
englobadas dentro de las vaginosis bacterianas (bacterias), candidiasis (hongos)
y tricomonas (parásitos). La vía principal de contaminación es la sexual, pero no
exclusiva como por ejemplo sucede con los hongos que son gérmenes oportunistas
y que proliferan cuando las condiciones les son favorables (humedad, calor y
falta de oxigenación local).
¿Cuáles son los
síntomas?
La sintomatología es muy parecida en todas las
vaginitis aunque quizá en la infección por hongos el cuadro resulta más
molesto y en las vaginosis bacterianas puede casi llegar a pasar desapercibido. La irritación, sensación de quemazón y picor intenso se acompañan
de un exceso de flujo (leucorrea) en ocasiones con mal olor y a veces manchado
de sangre. Suelen asociarse con molestias urinarias, dolor al coito y en
ocasiones picor anal.
¿Cómo se diagnostican y
tratan?
El diagnóstico se basa en la exploración y en
la identificación del germen causante, bien por la observación al microscopio
de una muestra en fresco de flujo vaginal o bien por el estudio en cultivo de
dicha muestra, citología o tinción de Gram.
Cada vulvovaginitis tiene su tratamiento específico, en las candidiasis y
tricomoniasis se asocia tratamiento para el varón. Existen candidiasis
crónicas, en ocasiones difíciles de erradicar, que precisan un tratamiento a
largo plazo. Sigue las indicaciones de tu ginecólogo y adopta las siguientes medidas higiénicas generales durante el
tratamiento: evita la excesiva humedad de la vulva (utiliza vestidos holgados,
no uses pantalones ajustados, utiliza ropa interior de algodón), la limpieza
anal debe ser correcta (de delante hacia atrás), no utilices jabones o
desodorantes íntimos, completa el tratamiento aunque desaparezcan los
síntomas y evita las relaciones sexuales y el uso de tampones durante el tiempo que
dure el tratamiento.
¿Existen factores de
riesgo?
Hay factores que pueden predisponer a las
vaginitis como son: la diabetes, el embarazo, el uso de anticonceptivos
hormonales, cualquier enfermedad que disminuya las defensas del organismo y la
toma de antibióticos. También se favorecen con las relaciones sexuales
próximas o durante las reglas y con la práctica de lavados o duchas
intravaginales. Tanto la falta de higiene como la higiene exagerada pueden
favorecer el crecimiento y la reproducción de los hongos. Recuerda que tu piel
y la vagina tienen sus propios mecanismos de defensa que se ven amenazados por
un exceso de lavados, baños con jabones perfumados y el uso de sprays íntimos.
INFECCIONES DE TRANSMISIÓN SEXUAL
Dada la importancia que están adquiriendo entre la población las enfermedades de transmisión sexual propiamente dichas (ETS), creemos oportuno incluir en este apartado una visión general del tema.
Actualmente se conocen más de 50 cuadros clínicos y complicaciones producidos por más de 25 microorganismos patógenos diferentes que plantean un problema médico y de salud pública de gran magnitud. Por otra parte, las ETS graves no se curan con medicamentos y la prevención es el arma terapéutica más efectiva. Dado el inicio de la actividad sexual a edades cada vez más tempranas, la adolescencia comienza a ser en los últimos años un grupo de riesgo importante para este tipo de enfermedades.
Principales cuadros y complicaciones de las enfermedades de transmisión sexual:
La prevención
Como hemos comentado, la mejor forma de evitar
estas importantísimas complicaciones es impidiendo la infección, siendo
fundamental la educación sexual de la adolescente.
La adolescencia constituye un grupo de riesgo tanto más importante cuanto menor
es la edad de la joven. Así, un factor que marca el riesgo futuro de padecer
ETS de un modo estadístico es la edad del primer coito. Mujeres que comenzaron
su actividad sexual antes de los 14 años, presentan dos veces más incidencia
de ETS que las que comenzaron las relaciones después de los 17. Es mucho más
eficaz educar a las adolescentes para que eviten cualquier práctica sexual no
segura antes de que inicien su actividad sexual que corregir hábitos ya
establecidos.
El propósito de estos programas de educación sexual pretende reducir la
incidencia de ETS, evitar el embarazo no deseado y ayudar a las adolescentes a
crear una sexualidad y personalidad madura.
La familia constituye el primer núcleo de educación sexual. La enseñanza por
personal especializado en los colegios y la actuación educadora en el
consultorio médico deben ser los pilares en que se base la educación y
prevención de las ETS.
Medidas para la reducción del riesgo
Por supuesto que la monogamia estable es
también segura si la pareja no está infectada.
El uso de antibióticos postcoitales puede favorecer la aparición de
resistencias bacterianas y enmascarar un cuadro clínico más grave. Las medidas
locales como los lavados y duchas vaginales después del coito no solo no son
eficaces sino que incluso pueden favorecer el riesgo de una ETS.
Las vacunas están en periodo de investigación (VIH, Papilomavirus, Herpes) y
de momento únicamente la vacuna frente a la hepatitis B resulta efectiva.
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