El periodo que sigue al alumbramiento se denomina puerperio y no es más que el tiempo de recuperación del estado normal del organismo materno. Este periodo suele durar entre 6 y 8 semanas (40 días como media), es la llamada "cuarentena".

Existen dos fases distintas: el puerperio inmediato y el puerperio tardío. El inmediato son las primeras horas que siguen al parto y durante el mismo debe prestarse especial atención al sangrado vaginal y vigilarse la contracción uterina (globo de seguridad) y las constantes maternas.

La segunda fase o puerperio tardío es la reincorporación a la actividad normal con la recuperación de todas las modificaciones que el organismo había sufrido durante el embarazo.

Esta recuperación se realiza de la siguiente manera:
El útero reduce su tamaño, de los 1.000 g que pesaba al terminar el parto acaba pesando tan sólo 50-60 g. Este proceso se consigue mediante contracciones de su musculatura, que en ocasiones (sobre todo en multíparas) pueden ser dolorosas, y que vulgarmente son conocidas como "entuertos". Por estas contracciones y la reducción del tamaño del útero se expulsan los loquios a través de los genitales. Los loquios son un exudado compuesto por sangre, líquido y fragmentos mínimos de membranas, que en los primeros días son más abundantes, incluso con algún pequeño coágulo.
Al principio presentan una coloración rojo-pardusca que poco a poco se va aclarando hasta llegar a desaparecer generalmente alrededor de los 20 días del parto.

La reducción de peso, al principio más rápida (feto, placenta, útero etc.) y luego más lenta (eliminación de líquido retenido), se sitúa alrededor de los 5-8 kg. Los primeros días pude existir un cierto grado de estreñimiento así como alguna retención de orina que habitualmente ceden espontáneamente.

Es muy importante la movilización precoz de la puérpera para evitar complicaciones circulatorias (tromboflebitis) y para iniciar una pronta recuperación. A las 24 horas del parto se debe reiniciar la higiene normal con ducha diaria. No son aconsejables los baños ni las relaciones sexuales hasta el fin de la cuarentena. La región genital debe lavarse un par de veces al día con agua hervida (templada) y sal (suero hipertónico) y a chorro de arriba a abajo, siendo muy útil para este menester el uso de una gran tetera. En ocasiones, el ginecólogo, recomendará el lavado con alguna sustancia antiséptica.

La subida de la leche se producirá entre el tercer y quinto día, aunque en multíparas se puede producir antes. Ya durante el final del embarazo y durante los primeros días del puerperio, existe en los pechos una secreción llamada calostro que gradualmente se irá convirtiendo en leche. Es muy rico en proteínas y en anticuerpos  y, aunque la lactancia fuese después breve, la toma de calostro por el niño significa una excelente protección frente a las infecciones a la vez que favorece el tránsito intestinal del recién nacido.
El que haya o no leche depende por una parte de un estímulo hormonal que tiene su origen en la hipófisis que segrega una hormona llamada prolactina, y por otra parte por el propio estímulo que provoca la succión del niño. La leche materna está individualmente adaptada a cada recién nacido (ninguno es alérgico a la leche de su madre).
Durante el puerperio, la dieta de la madre debe ser rica en proteínas y calcio y se recomienda la toma de un suplemento vitamínico como en el embarazo.
El lavado de la areola y pezón debe realizarse antes y después de cada toma con un jabón neutro, protegiéndolos después con gasas estériles, nunca uses alcohol.

Se ha hablado mucho, y se sigue hablando todavía hoy, de si la crianza ha de ser materna o artificial o, mejor dicho si una es mejor que la otra. Es un hecho claro de que la naturaleza ha dispuesto de un recurso para que la madre alimente a sus hijos, dotándola de las glándulas mamarias, pero también es evidente que el agitado ritmo de la vida actual y el trabajo de la madre, hacen que esta función cada día esté más limitada. La alimentación artificial tiene quizá como ventaja el mejor control de las cantidades que toma el niño y dados los excelentes productos lácteos que existen en el mercado, no suponen ningún problema. La principal desventaja es la de que no aportan inmunidad frente a una serie de enfermedades que sin duda proporcionará la leche materna.

Entre la 2ª y 4ª semana puede que te sientas algo triste y agobiada, no te preocupes, es algo fisiológico (normal), que se supera más rápidamente cuanto mayor  sea el apoyo familiar.

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