Los primeros síntomas.   La dilatación.   El expulsivo.
 El alumbramiento.   Métodos de extracción.

Tras nueve meses de espera, llega el momento de terminar la gestación. Se calcula la duración del embarazo en 280 días y aunque no se conozcan perfectamente las causas, pasado ese tiempo, el parto se pone en marcha.
Hay una serie de síntomas que notarás y cuyo significado debes conocer para saber qué es lo que debes hacer en cada momento. Durante las últimas semanas, notarás que el vientre se endurece ocasionalmente y se producen molestias ("pinchazos") pasajeros en la profundidad de la vagina, algunas lo identifican como "molestias de regla". Son sin duda contracciones uterinas esporádicas que se producen para ir preparando el momento del parto, van reblandeciendo el cuello uterino y ayudan a que el feto se encaje. Este encajamiento, se traduce en un descenso del fondo uterino ("ha bajado el vientre"), y la sensación de tener que orinar con más frecuencia, levantándose varias veces durante la noche, por compresión de la vejiga. Presta atención a la incontinencia de orina ("escapes de orina"), que en ocasiones se producen, para diferenciarlas de una rotura prematura de membranas ("romper aguas"); si no estas segura, es mejor que seas reconocida para descartar la rotura de bolsa, pues en dicho caso deberás ingresar en el Hospital.

Es normal que te sientas más fatigada, con insomnio y que la sensación de peso genital y molestias en ingles y caderas vayan en aumento. En ocasiones, no siempre, algunos días antes del inicio del parto, se expulsa por genitales una sustancia gelatinosa algo ensangrentada ("marcar"), es la expulsión del tapón mucoso que llenaba el canal del cuello del útero (cérvix).

Todos estos síntomas son signos de que el parto está cerca pero todavía no ha llegado el momento del nacimiento del hijo esperado. Por lo tanto, con tranquilidad y con sosiego hay que organizarse a la espera de próximos acontecimientos.

Un día, aquellas contracciones esporádicas del último mes, comienzan a tener cierto ritmo, al principio espaciadas pero poco a poco aumentan su frecuencia y su intensidad. La sensación de dureza y molestia del vientre comienzan a incrementar su ritmo y pasan de ser cada 20 minutos, a producirse cada 15, cada 10 etc. Cuando en una primípara ("primeriza") se repitan las contracciones cada 5 minutos, durante un periodo de una hora (o cada 10 minutos en una multípara y durante el mismo tiempo), se debe considerar que el parto se ha instaurado. A partir de ese momento, no tomes ningún alimento sólido y, sin precipitaciones, debes acudir al Hospital.

En algunas ocasiones, como ya se ha mencionado, incluso antes de que se instauren las contracciones, se rompe la bolsa de las aguas de forma espontánea, y aunque el trabajo de parto no se haya instaurado realmente es imprescindible el traslado a la Clínica para comprobar el aspecto de tales aguas (que deben ser claras), las condiciones de colocación del feto, si hay dilatación del cuello uterino y muy especialmente el estado del niño con una monitorización.

 

El periodo de dilatación dura desde el inicio del parto hasta que comienza la expulsión del feto una vez alcanzada la dilatación completa.

Es la fase más larga del parto y en cierto modo la más pesada, en el sentido de que lo único que puedes hacer es colaborar relajándote y respirando adecuadamente para oxigenar al niño, que ya es bastante. No debes malgastar fuerzas inútilmente que luego necesitarás en el momento del expulsivo para ayudar activamente a nacer a tu hijo. Aquí se hacen fundamentales las clases de preparación al parto (Educación maternal).

La primera fase de la dilatación consiste en el borramiento del cuello uterino, en la que se produce una reducción total del cilindro de 3-4 cm de largo que constituye el cuello del útero. Una vez finalizado el borramiento, el cuello queda como un anillo y comienza la dilatación propiamente dicha.

La dilatación progresa de manera que al principio el anillo de 1 cm de diámetro se va ampliando a 2, 3, 4, 5 cm, hasta alcanzar la llamada dilatación completa a los 10 cm de diámetro para permitir el paso del feto sin problemas.

Los cuidados del obstetra y matrona se encaminan a la vigilancia del estado fetal (monitorización), comprobación de la adecuada progresión del parto, cuidados de la paciente y alivio del dolor.
Cuando la dilatación avanza, y si no se ha producido espontáneamente, el médico procederá a romper la bolsa de las aguas (amniorrexis). Con esta maniobra se consigue un mejor apoyo de la cabeza del feto sobre el anillo cervical con lo que éste se dilata más rápidamente, y por otra parte también se verá favorecido su encajamiento en la pelvis descendiendo por el canal del parto.

Hay ocasiones en que el músculo uterino no produce la contracción suficiente como para que la dilatación del cuello avance con el ritmo deseado; es entonces cuando el tocólogo administrará algún producto capaz de estimular tales contracciones (oxitócicos) mediante perfusión intravenosa ("gotero"). También se pueden administrar analgésicos y preparados antiespasmódicos que facilitan la relajación de orificio del cuello y por tanto su dilatación.

En las multíparas, las fases de borramiento y de dilatación cervicales son simultáneas por lo que éste periodo se acorta; por eso los partos son más cortos a partir del segundo hijo.

 

Una vez alcanzada la dilatación completa (10 cm), comienza el descenso del feto a lo largo de la pelvis, produciéndose una serie de cambios de postura del niño para adaptarse mejor al canal del parto. El principal cambio consiste en una gran flexión de la cabeza fetal, apoyando fuertemente su mentón contra su propio pecho, de forma que pondrá como parte más prominente apuntando al exterior el occipucio (nuca). Los brazos y las piernas se disponen bien adosados al tronco y una vez superado el conducto óseo que es la pelvis, solo le queda superar la parte muscular formada por el periné.

La paciente ya estará colocada en la mesa de partos en el paritorio, con las piernas apoyadas en unas perneras, flexionando los muslos sobre el abdomen.

La vulva se entreabre y a su través ya podemos ver cómo se insinúa la cabeza fetal, se dice entonces que la cabeza del niño está "coronando" y el nacimiento será inminente. Ahora, debes añadir a las contracciones uterinas todas tus fuerzas de la musculatura abdominal para ayudar a nacer a tu hijo. Cuando se inicie la contracción deberás llenar los pulmones de aire, bloquearlo cerrando la boca (como si fueras a bucear), y levantando un poco la cabeza con las manos cogidas a las barras de las perneras, hacer toda la fuerza posible (como si fueras a defecar). En unos momentos se exterioriza la cabeza fetal, los esfuerzos ya han terminado. El tocólogo en pocos segundos, mediante unas maniobras de tracción y rotación, conseguirá desprender los hombros y luego el cuerpo del niño.

Tu hijo ya ha nacido, y una vez seccionado el cordón umbilical, pasará a ser reconocido y valorado por el pediatra y se procederá a aspirar las secreciones que todos los recién nacidos tienen en sus vías respiratorias.

 

El último periodo del parto, el alumbramiento, consiste en la expulsión de la placenta y de sus membranas. Mediante una nueva contracción y quizás ayudada con una expresión en el fondo del útero, la placenta se exterioriza. El médico procederá a examinar la placenta y las membranas para comprobar su integridad y descartar alguna patología.

En la mayoría de los casos, el alumbramiento, se produce espontáneamente entre 5 y 10 minutos de la salida del recién nacido. La placenta deja en el interior del útero una "herida" o lecho placentario en el lugar donde estaba inserta que produce un sangrado fisiológico (normal) de alrededor de 250 cc. Esta hemorragia se controla por la contracción potente de las fibras musculares uterinas, que ejercen una ligadura sobre los vasos, y por el propio sistema de coagulación sanguíneo.

Finalizado el alumbramiento, el tocólogo procederá a revisar el canal del parto y a la sutura de la episiotomía (corte que se practica en el periné y vagina para facilitar la salida del bebé y evitar desgarros) si la hubiere.

 

En la mayoría de los casos, el parto evoluciona bien y el niño nace espontáneamente por vía natural; sin embargo, ocurre a veces, que ya sea a causa de un problema de estenosis (estrechez) pelviana, a una impotencia del músculo uterino para conseguir la dilatación y el descenso, o bien por cualquier otra circunstancia que aconseje una terminación urgente del parto (sufrimiento fetal, enfermedad materna, embarazo de alto riesgo etc.), el médico tiene entonces que emplear métodos quirúrgicos para la extracción fetal.

Entre estos métodos cabe destacar los siguientes:

La cesárea se practica con anestesia general o regional y se parece a cualquier otra intervención quirúrgica. Una vez realizada la incisión sobre el vientre de la madre, se procede a la apertura del útero y a la extracción del bebé. En ocasiones, la cesárea se impone como medida de urgencia durante el parto, pero otras veces puede ser prevista por el tocólogo antes de que comience el trabajo de parto, son las llamadas cesáreas programadas (en ciertos casos, la cesárea constituye el medio más seguro para poner al mundo un niño en buen estado de salud). La recuperación posterior es buena, aunque algo más lenta que tras un parto eutócico (parto vaginal, normal), y como único recuerdo no quedará más que la cicatriz abdominal, que será disimulada si el obstetra practica una incisión horizontal, en el límite del vello del pubis.

Dados los buenos resultados fetales y la escasa incidencia de complicaciones, las indicaciones de cesárea y la incidencia de las mismas son cada día mayores. La extracción del feto de una u otra manera, depende de cada caso en particular  y de la experiencia y arte obstétricos, por lo que no pueden establecerse pautas o normas generales y será tu tocólogo el que decidirá la mejor vía de parto.
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